En el contexto de una sociedad donde la sexualidad se ha vuelto un tema tabú, surge la necesidad de abordar las cuestiones íntimas que afectan a aquellos que se identifican como seguidores de Cristo. Este artículo está dirigido a la comunidad cristiana, a aquellos que han hecho de Dios el centro de sus vidas, para reflexionar sobre un tema delicado pero crucial: la sexualidad en el marco de la fe.

El Cuerpo como Templo del Espíritu Santo

En primer lugar, es fundamental comprender que, para quienes han decidido seguir a Cristo, sus cuerpos ya no les pertenecen exclusivamente. Como creyentes, hemos hecho un pacto de unión con Cristo, convirtiéndonos en moradas del Espíritu Santo. Esto implica que nuestras decisiones, incluso en el ámbito de la sexualidad, deben alinearse con los principios establecidos por la Palabra de Dios.

La Importancia de la Palabra de Dios

Vivir según la voluntad de Dios implica adherirse a sus enseñanzas y buscar su guía en todas las áreas de nuestra vida, incluida nuestra sexualidad. La Palabra de Dios es nuestra guí moral, y debemos caminar en conformidad con ella, dejando de lado las normas del mundo que contradicen los preceptos divinos.

La Presión en el Matrimonio

Dentro del matrimonio, surge a menudo la presión para participar en prácticas sexuales que van en contra de los designios de Dios. Es esencial recordar que, si bien nos convertimos en una sola carne con nuestro cónyuge, esto no significa que nuestro cuerpo ya no nos pertenezca. Debemos resistir la tentación de ceder ante la presión de nuestra pareja y mantenernos firmes en nuestros principios bíblicos.

La Consecuencia del Pecado

Cuando permitimos que la concupiscencia y la presión de nuestra pareja dicten nuestras acciones, nos alejamos de la voluntad de Dios y nos exponemos al pecado. La Palabra de Dios nos advierte sobre las consecuencias del pecado y nos insta a vivir en santidad y obediencia.

Una Perspectiva Bíblica sobre el Sexo Anal

Abordando específicamente el tema del sexo anal, es importante entender que esta práctica no solo va en contra de la naturaleza física del cuerpo humano, sino que también contradice los principios morales establecidos por Dios. La Biblia nos exhorta a honrar nuestro cuerpo como templo del Espíritu Santo y a mantenernos firmes en nuestra fe, incluso en el ámbito de la intimidad sexual.

La sexualidad es un regalo de Dios destinado a ser disfrutado dentro de los límites que él ha establecido para nuestro bienestar y felicidad. Como creyentes, debemos buscar la pureza y la santidad en todas nuestras relaciones, honrando a Dios con nuestros cuerpos y nuestras acciones.

Este artículo no pretende juzgar o condenar, sino más bien ofrecer una perspectiva bíblica sobre un tema que a menudo se pasa por alto en el contexto de la fe cristiana. Que cada uno de nosotros busque la sabiduría y la orientación de Dios en nuestras vidas, y que podamos vivir en conformidad con su voluntad en todas las áreas, incluida nuestra sexualidad.

1 Tesalonicenses 4:3-8 3pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.

https://youtu.be/rITC9TWoCTA?si=Fa2m1_D8NHOBTd3Z


«Una Mujer fortalecida, fortalece a otra. Es un compromiso como Mujer.»

— Carolina Contreras, Comunicadora