Es fundamental reconocer que la división no trae consigo nada positivo. No nos trae bendiciones, ni nos permite experimentar la plenitud de la presencia divina en nuestra vida cotidiana. Por el contrario, la división nos separa, nos debilita y nos aleja del propósito de Dios para nosotros como familia.

Es posible que en este momento estemos experimentando divisiones en nuestros propios hogares, ya sea entre cónyuges, padres e hijos, o entre hermanos. Si no aprendemos a enfrentar esta realidad con sabiduría y amor, corremos el riesgo de convertirnos en cómplices involuntarios de esta discordia.

Es hora de detenernos, reflexionar y tomar medidas para restaurar la unidad en nuestros hogares. Recordemos que la verdadera bendición y el verdadero poder se encuentran en la unidad, en el amor que nos une como familia y como hijos de Dios. ¡Espero que este encuentro nos motive a buscar la reconciliación y a fortalecer los lazos que nos unen como familia en la fe!


«Una mujer fortalecida, fortalece a otra. Es un compromiso como mujer»

— Carolina Contreras, Comunicadora de Vida